HISTORIA

AVENZOAR Y PEÑAFLOR. PROBLEMÁTICA DE SU RELACIÓN. ESTADO DE LA CUESTION.

diariocuco.opennemas.com  |  30 de marzo de 2015 (10:54 h.)
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Son varios los condicionantes que hacen que hoy en día no permanezca totalmente aclarada la relación de Avenzoar con Peñaflor, por un lado su distanciamiento en el tiempo pues hablamos de un personaje que vivió entre los siglos XI y XII d. C., y principalmente su cronología histórica, ya que pertenece a un periodo cultural y religioso, el musulmán, del que ha sobrevivido escasa documentación a la vez que no ha sido objetiva y suficientemente estudiada hasta la actualidad. A nivel local, a mediados del siglo XX por iniciativa de Dº Arturo Fernández Cruz el Ayto de Peñaflor le dedicó una plaza en la Morería junto al castillo, donde la tradición lo sitúa viviendo con su familia; y sólo se conocen dos estudios someros de investigadores locales sobre el tema1 .  

Son varios los condicionantes que hacen que hoy en día no permanezca totalmente aclarada la relación de Avenzoar con Peñaflor, por un lado su distanciamiento en el tiempo pues hablamos de un personaje que vivió entre los siglos XI y XII d. C., y principalmente su cronología histórica, ya que pertenece a un periodo cultural y religioso, el musulmán, del que ha sobrevivido escasa documentación a la vez que no ha sido objetiva y suficientemente estudiada hasta la actualidad. A nivel local, a mediados del siglo XX por iniciativa de Dº Arturo Fernández Cruz el Ayto de Peñaflor le dedicó una plaza en la Morería junto al castillo, donde la tradición lo sitúa viviendo con su familia; y sólo se conocen dos estudios someros de investigadores locales sobre el tema1 . En los últimos años, desde la Universidad Complutense de Madrid se han realizado nuevos estudios sobre su biografía intentando aclarar parte de su vida que aún permanece incógnita2 . Aún así la falta de una prueba documental taxativa sobre su nacimiento en las biografías de los antiguos historiadores árabes3 , o la incapacidad de la trascripción de éstos por los actuales provoca la dualidad existente. Si bien es admitido su nacimiento en esta localidad por algunos autores4 , otros optan por Sevilla5 , sin precisar si se trata de algún lugar de la provincia o de la ciudad; lo mismo ocurre en los estudios biográficos del personaje, en las enciclopedias generales tipo Espasa o Larousse, o la información que puede consultarse a través de Internet, donde habitualmente se menciona a Peñaflor como su lugar de nacimiento pero sin embargo en otros sigue apareciendo Sevilla. Hay un hecho determinante que justifica la dificultad de su identificación como lugar de nacimiento de Avenzoar, la actual toponimia de la población desde la conquista cristiana: Peñaflor, no responde totalmente a la toponimia usada durante la etapa musulmana que aparece mencionada con el topónimo romance de Peñas (qarya Binnash) que los árabes rebautizaron con el topónimo árabe Mudawwar similar al ya existente en romance, referido a las características físicas del lugar donde se asentaba el castillo y la población: peña o cerro redondo, seguido del epónimo de una tribu árabe o de la trascripción del nombre de la antigua ciudad romana de Celti: al Sadif; este epónimo denominaba a su vez al distrito administrativo que controlaba la población (Iqulim de Sadif)6 . Pero no quedan aquí las dificultades. Consultada la bibliografía que podemos disponer actualmente7 apenas existe documentación referida a su infancia y a su relación con nuestra población. Su vida transcurre entre los años 1.073 y 1.162 y perteneció a la renombrada dinastía médica de los “Banû Sur” cuya filiación no es oriunda de Peñaflor. Su padre, cuyo nombre latinizado era Alguazir Albuleizor (Abû l`Ala´Zuhr en árabe) ejerció como médico al servicio del rey al-Mútamid de Sevilla, llegando a alcanzar, después de la 1 López Muñoz J.F. “Peñaflor durante la Época Musulmana”. 1.989, S/P. Meléndez González, P.L.”Avenzoar, médico de Peñaflor” en Peñaflor, Feria y Fiestas Populares. 1.995, págs. 16-17. 2 Kuhunne Brabant, R. “Aportaciones para esclarecer alguno de los puntos oscuros en la Biografía de Avenzxar”. En Actas del XII Congreso de la U.E.A.I. (Málaga 1.984), 1.986, págs 431-446. 3 Ibn Abi Usaybi´a. “ Uyûn al-anbâ´ fî tabaqat al-atibbâ “. Bayrut. Maktabat al-Hayyât, s.d. págs 517- 519. 4 Monarde, N. “Historia Medicinal”. Sevilla, 1.571. Gómez Caamaño, J.L.. “Páginas de Historia de Farmacia”. Barcelona 1.970 (2ª Edición Barcelona 1982). 5 Ballesteros Beretta, A. “Sevilla en el siglo XII”. Madrid 1.913. Edición Facsímil Sevilla 1.979. 6 Arjona Castro, A., “Córdoba, su provincia y sus pueblos en época musulmana”.Córdoba, 2003, pág. 96. 7 Colin, G. “Avenzoar, sa vie & sus oeuvres”; Pasris, E. Lerouux, 1.911. Lerlec. “Histtoire de la Médicine arabe”. Paris 1.876. Mieli, A. “Panorama General de Historia de la Ciencia”. II El Mundo Islámico y el Occidente medieval cristiano”. Buenos Aires 1.946. Kuhunne Brabant, R. “Aportaciones para esclarecer alguno de los puntos oscuros en la Biografía de Avenzxar”. En Actas del XII Congreso de la U.E.A.I. (Málaga 1.984), 1.986, págs 431-446. García Sánchez, E. “Ibn Sur. K. Al-Agiya”. Madrid. C.S.I.C., I.C.M.A. 1.992. págs 20-21. 2 invasión Almohade, un alto puesto en la Corte de Yusuf ben Tasfín. Ante estas circunstancias no cabe más que suponer que su nacimiento en nuestra población es circunstancial, ya que tanto su profesión como la de su padre como médico real le obligaría a vivir la mayor parte del tiempo en la corte. La única interpretación aceptable para admitir su nacimiento en la localidad deriva de varias hipótesis: - Que su familia, que disfrutaba de un alto prestigio social y profesional, poseyera una finca agrícola y de recreo en el término, donde circunstancialmente nació y pasó algunos periodos de su infancia. La proximidad de Peñaflor a Sevilla y Córdoba (73 y 57 Kms. respectivamente) con fáciles vías de acceso (navegavilidad del Guadalquivir y la antigua calzada entre Córdoba y Sevilla por la margen derecha del Guadalquivir) facilitaría el desarrollo de su labor profesional en la Corte. - Que el rey al-Mútamid de Sevilla recompensara a su padre o a él, por los servicios prestados en la corte, con algún cargo político o de señorialización sobre el distrito, circunstancia que motivaría su residencia estacional en la alcazaba o castillo de Peñaflor. No debemos olvidar que Averroes, su insigne discípulo gozó del cargo de “Cadí” de Córdoba por circunstancias similares. Ambas circunstancias son factibles históricamente, ya que tanto la señorialización como la existencia de grandes latifundios están atestiguadas en la comarca en los últimos siglos de la dominación árabe, reflejados en las donaciones y repartimientos efectuados tras la conquista cristiana conservando los límites del periodo árabe8 . Situación demostrada documentalmente en un amplio trabajo de investigación, en proceso de realización, sobre la evolución de la propiedad de la tierra y la organización económica en la comarca desde la Edad Media9 . En cuanto a su posible estancia en Peñaflor, de haber ocurrido, hemos de imaginarla de forma esporádica y en cualquier caso como disfrute y reposo de su ajetreada vida en una finca de recreo familiar o ejerciendo el cargo político determinado en la circunscripción, ya que su formación intelectual y profesional requirió sin duda de unos espacios académicos fuera del alcance que histórica y arqueológicamente se le suponen a Peñaflor en este periodo, además de que es conocida su formación entre la intelectualidad universitaria de la Córdoba de ese tiempo. A modo de conclusión, las únicas bases con suficiente fuerza para defender el nacimiento de Avenzoar en Peñaflor son la documentación de Monardes en el siglo XVI, de Gómez Caamaño en el XX y de los autores mencionados. Pero disponemos de una rica tradición oral, base de nuestra cultura idiosincrásica y popular que nos relata a modo de leyenda como Avenzoar nació y vivió entre las paredes del castillo, contemplando la luz de la luna y los eternos paisajes plenos de sol desde sus ventanas, y desde donde ensimismado se planteó los primeros interrogantes que marcarían el empirismo de su reputada filosofía y profesionalidad médica paseando por sus pasillos y las angostas calles de la morería. Tal vez sólo sea eso, una leyenda, pero que duda cabe que como toda leyenda tiene su base en una realidad. Y esa parte de realidad es la que hoy, aún se nos escapa. Pero como punto a nuestro favor disponemos de la peculiaridad de que la documentación que aparece a través del rigurosísimo método científico nos confirma nuestro rico pasado oral de leyendas (caso de la leyenda de los Santos Mártires de un periodo histórico aproximado10), hoy en día en 8 J. González. “Reinado y diplomas de Fernando III”. I. Estudio. Córdoba 1.980. Julio González y González. Repartimiento de Sevilla. II vols. Madrid 1.951 Manuel González Jiménez. La repoblación de la zona de Sevilla durante el siglo XIV. Estudio y Documentación. Sevilla 1.975. Manuel Nieto Cumplido. El Libro de diezmos de donadíos de la catedral de Córdoba. Cuaderno de estudios medievales, IV-V. Granada 1.979. 9 López Muñoz, J. F. “Evolución histórica urbana y rural de las poblaciones en el Valle del Guadalquivir entre Córdoba y Sevilla (Lora del Río-Palma del Rió).En preparación para su publicación. 10 López Muñoz, J. F. “San Críspulo y San Restituto, patronos de Peñaflor. Leyenda y realidad de un martirio.” En Arte, Arqueología e Historia. Córdoba, 2006, págs. 179-188. 3 desuso y a punto de extinguirse en la sociedad actual donde los jóvenes no son muy propicios a participar de ellas. Pero aquí estamos nosotros para dejar constancia escrita de ellas. Sea como fuere, Avenzoar seguirá siendo uno de los hijos más ilustres de nuestra tierra, hasta que se demuestre lo contrario, indiferentemente que naciese en alguno de los castillos del término (Almenara, Peñaflor, Toledillo o Villadiego) pero para nosotros es cierto que sus pasos deambularon por nuestras calles o plazas, y que su filosofía y profesionalidad forman parte de nuestra cultura e idiosincrasia cultural y milenaria, repetida en otro personaje ilustre de características similares como lo fue Dº Arturo Fernández Cruz XIX siglos después. José Francisco López Muñoz

 

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